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Geopolitics, economy and alum during the 15th and 16th Centuries.

Francisco Hernández Ortiz

Licenciado en Geología & Doctor por la Escuela de Minas de Madrid
fhomga@hotmail.com

Geopolítica, economía y alumbre durante los siglos XV y XVI.

RESUMEN

Durante la etapa final de la Edad Media el centro de gravedad del mundo del alumbre se emplazaba principalmente en el Mediterráneo oriental. Eso ocurría tanto a nivel de la minería que extraía la mena, como a nivel de las fábricas en donde se procesaba la citada mena y se obtenía la sustancia comercial conocida como alumbre. Por otra parte, los comerciantes que controlaban las redes de distribución medievales de esta sustancia, tenían agentes desplazados en determinados lugares del Mediterráneo oriental supervisando la expedición de las partidas que llegaban a Europa.

Sin embargo, durante la etapa inicial de la Edad Moderna el centro de gravedad del mundo del alumbre se emplazaba principalmente en el Mediterráneo occidental, lugar en donde existían numerosas minas que extraían la mena, así como diferentes fábricas para procesarla con grandes capacidades productivas y poderosas redes comerciales que se encargaban de su distribución en la Europa moderna.

PALABRAS CLAVE: alumbre, comercio, economía, geopolítica, Mediterráneo.

SUMMARY

During the final stage of the Middle Ages, the center of gravity of the alum world was mainly located in the Eastern Mediterranean. This occurred both at the level of the mining industry that extracted the ore, and at the level of the factories where the alum ore was processed and the commercial substance known as alum was obtained. On the other hand, the merchants who controlled the medieval distribution networks of this substance, had agents posted in certain places in the eastern Mediterranean supervising the dispatch of the consignments arriving in Europe.

However, during the early modern period, the center of gravity of the alum world was located mainly in the western Mediterranean, where there were numerous mines that extracted the ore, as well as different factories to process it with great productive capacities and powerful commercial networks that were responsible for its distribution in modern Europe.

KEY WORDS: alum, economy, geopolitics, Mediterranean, trade.

INTRODUCCIÓN

Durante la Baja Edad Media el imperio bizantino y la ciudad de Constantinopla eran un punto destacado en el mundo del comercio en general y en el mundo del alumbre en particular. Desde algunos de los barrios de Constantinopla, como era el caso del barrio de Pera, en donde estaban asentados una parte de los comerciantes genoveses de la zona, se controlaban redes comerciales que cruzaban el Mediterráneo y distribuían diferentes mercancías que iban desde la seda hasta piedras preciosas, pasando por multitud de otros productos muy variados.

En aquellos momentos la industria textil era un poderoso motor económico en Europa y el alumbre era uno de los insumos necesarios para su funcionamiento, de manera que esta sustancia era un producto que desbordaba el simple marco económico y se convirtió en una pieza más de las que componían el complejo marco geopolítico de aquellos tiempos. Será precisamente ese marco geopolítico y su evolución durante el tránsito de la Edad Media a la Edad Moderna lo que llevará a la industria del alumbre (minas, fábricas, transporte y redes comerciales) a una profunda transformación, en donde las minas y fabricas del Mediterráneo oriental dejarán de ser el pilar del alumbre utilizado en las economías europeas y serán sustituidas por las minas y fabricas del Mediterráneo occidental, las cuales, a partir de la Edad Moderna serán el principal sustento del alumbre demandado por las economías europeas. Los cambios en el transporte y las redes comerciales también serán importantes en cuanto a lo que respecta a la aparición de nuevos centros de expedición del alumbre en la propia Europa occidental, desde donde se enviarán los cargamentos del alumbre elaborado hacia los centros de comercialización y consumo europeos.

UNA SUSTANCIA SINTÉTICA Y ESTRATÉGICA

Para hacer una definición rigurosa de qué es el alumbre y de dónde proviene, se necesitaría entrar en profundidad en diferentes temas químicos y mineralógicos. (Sainz de Baranda Graf, B. 2024) (Hernández Ortiz, F. 2024c), algo que no es el objetivo del presente trabajo, no obstante, y de una manera sintética, se puede decir que el alumbre es básicamente un sulfato de aluminio y potasio, elaborado y comercializado por el ser humano desde hace milenios. Es una sustancia soluble en agua y que raramente se presenta como material masivo o cristalizado en la naturaleza, de manera que, en la mayoría de los casos, su obtención para usos comerciales se realizaba en instalaciones mineras específicas (fábricas de alumbre), mediante el tratamiento de determinados tipos de rocas extraídas de minas (menas de alumbre).

De esta manera, en la inmensa mayoría de las ocasiones, el alumbre era una sustancia sintética, entendiendo esta como un producto elaborado por el hombre en lugar de ser una sustancia tomada directamente de la naturaleza (Hernández Ortiz, F. 2024b).

Desde muy antiguo se tienen diferentes noticias de operaciones comerciales de alumbre como, por ejemplo, en Anatolia, Mesopotamia, Egipto, etc. También se tienen noticias de sus numerosos campos de aplicación, como mordiente en la industria textil, curtido de pieles, tratamientos médicos, productos de farmacia, argamasas de construcción, metalurgia, ignifugación de materiales, potabilización de agua, iluminación de pergaminos, lacado de materiales, empaste de dentaduras, pigmentos para pintura y decoración, etc. (Evans, A. 1936) (Singer, C. 1948) (Levey, M. 1958) (Galván Martínez, V. y Galván García, J. 1993) (Nicholson, P. y Shaw, I. 2000) (Hernández Ortiz, F. 2002) (Giumlia-Mair, A. 2005) (Appleton, P. 2018) (Postrel, V. 2020) (Beretta, M. 2022) (Hernández Ortiz, F. y Caparrós Lorenzo, R. 2022). De todos ellos, puede que el campo de aplicación que generaba mayores beneficios económicos fuese el de su utilización como mordiente en la industria textil. El término mordiente se aplica a cualquier sustancia que sirva para fijar el colorante natural en la fibra, tanto en la fibra de origen vegetal, como en la de origen animal (lana, algodón, seda, lino, etc.). El mordiente hacía tres funciones: ayudaba a que los tintes naturales se fijaran en la fibra, afectaba al color que producían los tintes (intensificándolo o reduciéndolo) y actuaba para mantener los colores estables en presencia de la luz (Torró Doménech, E. 2008). Para nuestro interés, el alumbre era el más eficaz y el más codiciado durante siglos (Singer, C. 1948) (Beretta, M. 2022).

Pero los avances de la química moderna lograron que a mediados del siglo XIX se fabricase en Inglaterra el primer colorante artificial, el cual no necesitaba de mordiente para el proceso de tintado y, de esa manera, el alumbre perdió su papel como insumo fundamental para la industria textil. Esa misma química moderna, durante los siglos XIX y XX, prosiguió generando otras sustancias sustitutivas del alumbre en el resto de sus campos de aplicación, uno tras otro, hasta que en la actualidad el alumbre es un gran desconocido para la industria y ya no es una sustancia estratégica para las economías contemporáneas (Hernández Ortiz, F. y Caparrós Lorenzo, R. 2022).

Para intentar comprender la gran importancia económica del alumbre en el pasado, tal vez sería bueno recurrir a ejemplos de productos que, actualmente, conoce toda la sociedad y que tienen una gran importancia económica en el presente. En ese sentido, al igual que en el pasado el alumbre era un producto que podía llegar incluso a influir en la economía y en la geopolítica (Delumeau, J. 1962) (Franco Silva, A. 1996) (Ruiz Martín, F. 2005), en la actualidad existen otros productos que pueden llegar a influir en la economía y en la geopolítica, como es el caso del petróleo. Al analizar el mercado de este producto, se ve que en la actualidad existen tres países cuyas reservas y cuya capacidad de producción de petróleo pueden sustentar alrededor de una tercera parte de la producción mundial, correspondiendo los otros dos tercios de la producción mundial a la producción conjunta de petróleo de alrededor de 100 países diferentes (https://www.eia.gov/international/overview/world – 23 de marzo, 2025), de manera que si uno o varios de esos tres países (Arabia Saudita, EEUU y Rusia) por cualquier motivo disminuyesen la producción en sus campos de petróleo y/o sus redes de distribución de petróleo se viesen interrumpidas temporalmente, la economía mundial sufriría importantes turbulencias debido al aumento del precio del barril de petróleo y/o a los problemas de abastecimiento de petróleo a los mercados.

Estos problemas perdurarían hasta que otros países pudiesen reemplazar esa cuota de mercado perdida y ese proceso de reemplazo es algo que no ocurriría de un día para otro, ni mucho menos, y se necesitarían algunos años, aunque finalmente se lograría el necesario equilibrio entre la oferta (producción mundial de petróleo) y la demanda (consumo mundial de petróleo).

Algo similar a esto ocurrió en el mundo del alumbre en Europa, en el tercio central del siglo XV, cuando hubo durante algunos años importantes turbulencias en el abastecimiento y en los precios del alumbre en el mercado europeo, pero no detuvo su actividad, aunque el mercado la modificó profundamente hasta que se logró nuevamente el equilibrio entre la oferta y la demanda.

Estas turbulencias fueron debidas a un conjunto de diferentes factores, aunque tradicionalmente se ha puesto el foco único en un factor para explicarlas: la caída de la ciudad de Constantinopla (actual Estambul) el 29 de mayo de 1453, un acontecimiento importante y muy simbólico pero que, por sí solo, difícilmente justificaría los grandes cambios que se estaban produciendo en el mundo del alumbre en particular y en la geopolítica en general.

Para intentar comprender en detalle esas turbulencias en el mercado del alumbre, sería conveniente ampliar el número y el tipo de factores que pudieron estar involucrados (geográficos, políticos, económicos, militares, religiosos, comerciales, etc.), usar más de una escala de observación (local, nacional, regional, internacional), así como intentar utilizar diferentes perspectivas de enfoque y de análisis (cuantitativo, cualitativo, descriptivo, etc.).

EL IMPERIO OTOMANO

En lo referente a la geopolítica, la expansión del imperio otomano en el Mediterráneo oriental ya estaba en marcha en el siglo XIV y se alimentó principalmente de territorios del imperio bizantino y de Europa oriental, teniendo probablemente uno de sus episodios puntuales más mediáticos en la toma de la ciudad de Constantinopla acaecida en mayo de 1453. En los momentos de esplendor del siglo XVI, de una manera o de otra, el imperio otomano se extendía por el Norte de África, Oriente Medio, Asia Menor y Europa oriental. A todo este expansionismo territorial también habría que añadir el expansionismo religioso paralelo, que amenazaba con nuevos choques entre el islam y la cristiandad, como ya había ocurrido anteriormente con las cruzadas en varias ocasiones.

En lo referente al mundo del alumbre, el imperio otomano contaba en Anatolia con varios de los mejores yacimientos de mena de alumbre de toda la cuenca mediterránea, algunos incluso explotados todavía en la actualidad (Hall, R. 1978) (Ozkan Aygun, C. 2020). A esto habría que sumarle que en Anatolia y Mesopotamia se disponía, desde muy antiguo, del conocimiento que necesitaban los maestros alumbreros para fabricar el alumbre a partir de las menas extraídas de las minas, (Singer, C. 1948) (Beretta, M. 2022). Conocimiento que, en general, se solía guardar con gran celo, dado los benéficos económicos que podía reportar la actividad alumbrera (Hernández Ortiz, F. y Caparrós Lorenzo, R. 2022).

Figura 1. Mapa de la expansión otomana a lo largo de los siglos XIV y XV (elaboración propia).

Figura 1. Mapa de la expansión otomana a lo largo de los siglos XIV y XV (elaboración propia).

Sin embargo, en la zona occidental mediterránea, aunque desde antiguo se conocía de la existencia de numerosas minas de mena de alumbre, parecía que estos yacimientos eran de menor calidad que las de Anatolia o, simplemente, que no se disponía de los conocimientos adecuados para lograr un buen rendimiento en su tratamiento para la obtención del alumbre a partir de ellas.

Los primeros tratados conocidos sobre este asunto parece que no comienzan a aparecer en Europa hasta casi finales de la Edad Media e inicios de la Edad Moderna (Biringuccio. V. 1540) (Agrícola, G. 1556) (Evans, A. 1936). En definitiva, en el Mediterráneo oriental parecían existir mejores condiciones en general para la fabricación de alumbre que en el Mediterráneo occidental, algo que no pasó desapercibido para los comerciantes genoveses, los cuales, ya en el siglo XIII, disponían de enclaves comerciales en diferentes lugares de la actual Turquía (Günster, A. y Martin, S. 2015) y controlaron la comercialización, a gran escala, del alumbre hacia la Europa cristiana y otros destinos, no sin la competencia de otros comerciantes como, por ejemplo, los venecianos y algunos más (Delumeau, J. 1962) (Franco Silva, A. 1996) (Ruiz Martín, F. 2005) (Igual Luis, D. 2014) (Günster, A. y Martin, S. 2015).

LA MONARQUÍA HISPÁNICA

En lo referente a la geopolítica, en el Mediterráneo occidental, la expansión de la Corona de Aragón ya estaba en marcha en el siglo XIV, teniendo presencia en lugares como Túnez, Mallorca y Sicilia, entre otros. En el siglo XV se dio un salto cuantitativo y cualitativo en su expansión cuando, en el año 1442, el rey Alfonso V de Aragón unificó el reino de Nápoles y el reino de Sicilia, quedando ambos bajo la órbita de la Corona de Aragón. 

Tras su muerte en 1458, la Corona de Aragón y el reino de Sicilia quedaron bajo reinado de su hermano Juan II de Aragón, mientras que el reino de Nápoles quedó bajo reinado de su hijo, Fernando I de Nápoles. 

En lo que respecta al reino de Nápoles, tras la muerte en 1494 de Fernando I de Nápoles, le sucede su hijo Alfonso II de Nápoles, depuesto posteriormente por una invasión francesa. Pero en 1503 el reino de Nápoles vuelve al dominio aragonés, que en esta ocasión ya era más bien el dominio de la Monarquía Hispánica, tras el matrimonio de los Reyes Católicos.

En lo que respecta al reino de Sicilia, tras la muerte en 1479 de Juan II de Aragón, le sucederá en el trono de Sicilia el heredero de la Corona de Aragón, el rey católico Fernando II de Aragón. De manera que también el reino de Sicilia estaba bajo el dominio de la Monarquía Hispánica.

En ambos reinos de Sicilia y de Nápoles, existían importantes yacimientos de mena de alumbre, al igual en los Estados Pontificios y en otros lugares septentrionales de la península itálica (Hall, R. 1978) (Günster, A. y Martin, S. 2015) (Hernández Ortiz, F. y Caparrós Lorenzo, R. 2022).

Como trasfondo, se puede decir que la Monarquía Hispánica se comenzó a gestar con el matrimonio en 1469 de los futuros Reyes Católicos, Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla y la consiguiente unión dinástica de la Corona de Aragón, de la que Fernando fue rey desde 1479, y de la Corona de Castilla, de la que Isabel fue reina desde 1474. Esta Monarquía Hispánica se convertirá en el siglo XVI en un inmenso imperio que desbordó ampliamente el marco mediterráneo, para alcanzar en muy poco tiempo una escala global.

En lo referente al mundo del alumbre, la Corona de Aragón contaba con bastantes yacimientos de mena de alumbre en sus territorios, sobre todo en los reinos de Aragón, Valencia y los mencionados en Nápoles y Sicilia, mientras que la Corona de Castilla contaba con los yacimientos más importantes de todo lo que posteriormente sería la Monarquía Hispánica. Yacimientos situados en los reinos de Murcia (Mazarrón y Cartagena) y de Granada (Rodalquilar), además de un gran número de otros yacimientos menos importantes y diseminados por todos sus territorios peninsulares (González, T. 1832) (Calderón, S. 1910) (Hall, R. 1978) (Calvo Rebollar, M. 2014) (Günster, A. y Martin, S. 2015) (Hernández Ortiz, F. 2024a).

LOS OTROS ACTORES GEOPOLÍTICOS

Al analizar el ámbito mediterráneo durante los siglos XV y XVI, nos encontramos con dos imperios que estaban en plena expansión. El imperio otomano (en el área mediterránea oriental) y lo que se conocería como el imperio español (en el área mediterránea occidental). A todo esto, le acompañaban otros actores de menor tamaño, pero no de menor importancia, como lo eran los Estados Pontificios (la cabeza visible de la cristiandad), las diferentes republicas italianas de Génova, Venecia, etc. (cabezas visibles de algunas de las redes comerciales más importantes de la época), otras potencias como Francia (con ambiciones mediterráneas, pero también atlánticas), etc.

También habría que añadir algunos actores más que estaban en una larga decadencia, como el reino nazarí de Granada, desaparecido en 1492 y último representante de la al-Ándalus musulmana, en la cual la industria textil fue un destacado motor económico durante siglos (Hernández Ortiz, F. y Caparrós Lorenzo, R. 2022).

Así como el imperio bizantino, desaparecido a mediados del siglo XV, siendo la caída de Constantinopla, en el año 1453, el punto final de la decadencia que los bizantinos venían sufriendo desde tiempo atrás y que se reflejaba en sus constantes retrocesos territoriales frente  a los otomanos. Cuando Constantinopla cayó, hacía ya tiempo que los bizantinos no controlaban Anatolia, lugar en donde se situaban algunos de los yacimientos y de las minas de mena de alumbre más importantes de la cuenca mediterránea (Hall, R. 1978) (Ozkan Aygun, C. 2020), así como las fábricas en donde se transformaba su mena en alumbre, fabricas que solían estar cercanas a las minas.

Por otra parte, los bizantinos tampoco controlaban en 1453 las grandes redes de distribución de alumbre hacia la Europa cristiana, las cuales estaban principalmente en manos de los genoveses desde bastante tiempo atrás (Günster, A. y Martin, S. 2015). De manera que la caída de Constantinopla en 1453 fue un acontecimiento histórico que supuso la desaparición del imperio bizantino, pero no fue un acontecimiento que pudiese suponer la paralización del mundo del alumbre, ni mucho menos, solo puede considerarse un acontecimiento histórico que simbolizaba los tiempos de cambio que se estaban viviendo en el entorno general del Mediterráneo, los cuales acabarían afectando y alterando al entorno específico del citado mundo del alumbre.

Figura 2. Lugares de España en donde hay referencias de fabricación de alumbre o de existencia de menas de alumbre susceptibles de ser utilizadas para fabricar alumbre (Hernández Ortiz, F. 2024a).

Figura 2. Lugares de España en donde hay referencias de fabricación de alumbre o de existencia de menas de alumbre susceptibles de ser utilizadas para fabricar alumbre (Hernández Ortiz, F. 2024a).

Durante este periodo histórico, los equilibrios de poder eran complejos, las alianzas entre los diferentes actores aparecían rápidamente y eran sustituidas por los enfrentamientos igual de rápido que aparecían. Un buen ejemplo sería el representado por la industria del alumbre, en la cual diferentes comerciantes del mediterráneo occidental (genoveses, venecianos, etc.), pero asentados en distintos enclaves estratégicos del mediterráneo oriental (espacio controlado por los otomanos), comerciaban con productos elaborados en el citado mediterráneo oriental (alumbre), pero muy demandados por los países europeos cristianos, tanto mediterráneos, como atlánticos, comerciando en alianza entre ellos en algunas ocasiones o con quien fuese preciso.

EL ALUMBRE DURANTE LA BAJA EDAD MEDIA

En la Antigüedad los autores clásicos ya señalaban la existencia de minas de mena de alumbre en multitud de puntos de la cuenca mediterránea como Macedonia, Hierápolis, el Ponto, Libia, Milo, Cerdeña, Hispania, Egipto, Chipre, Grecia, Turquía, Melos, Lipari, Estrómboli. Jordania, Siria, las islas eolias, etc., sin olvidar África y algunos puntos de Asia (Cebrián Fernández, R. y Hortelano Uceda, I. 2018) (Hernández Ortiz, F. y Caparrós Lorenzo, R. 2022). Por otra parte, en la Edad Media se recogen referencias sobre minas de mena de alumbre en el África occidental, en el imperio bizantino, Marruecos, Argelia, Italia, Siria, etc. En definitiva, una multitud de diferentes
lugares (Hall, R. 1978) (García Pérez, P. 2016) (Günster, A. y Martin, S. 2015) (Ruiz Martín, F. 2005).

Centrándonos en el caso concreto de la zona de Asia Menor, se sabe que han existido minas de mena de alumbre a lo largo de los tiempos y algunas de ellas llevan en producción desde muy antiguo, como las minas del área de Aktepe (Turquía) en donde actualmente todavía se producen unas 20.000 toneladas de mena al año. Otras zonas mineras de mena de alumbre en Asia Menor son las de Colonna, Phocaea, Kutahya, Cappadocia, Uluabat y Kapidag (Ozkan Aygun, C. 2020). Todo ello facilitó en su día la existencia de una potente industria de fabricación de alumbre en Anatolia, algo que no pasó inadvertido a los comerciantes genoveses y venecianos, aprovechándose de ello e intentando controlar el comercio del alumbre que se generaba allí, sobre todo en la Baja Edad Media (Günster, A. y Martin, S. 2015).

Figura 3. Mapa del alumbre en el marco del Mediterráneo (elaboración propia).

Figura 3. Mapa del alumbre en el marco del Mediterráneo (elaboración propia).

En lo que respecta a los mercados, en las etapas finales de la Edad Media, algunos de los principales demandantes de alumbre estaban en Flandes, siendo otros centros destacados de consumo el de Venecia, Inglaterra, Francia, y Alemania. El suministro procedía fundamentalmente de la zona oriental de Bizancio y estaba controlado principalmente, aunque no únicamente, por los mercaderes genoveses, entre 1275 y 1455 (Mallett, M. 1998) (Ryder, A. 1998) (Schnerb, B. 1998).

Este era, a grandes rasgos, el marco general en que se desenvolvía el mundo europeo del alumbre durante la Baja Edad Media y en el que el citado alumbre no era una exclusiva de los bizantinos o de otras culturas de Asia Menor, ya que en otros lugares del marco mediterráneo también existían yacimientos de mena de alumbre (Hall, R. 1978) (Hernández Ortiz, F. 2024a) y se trabajaban para extraer mena y posteriormente tratarla para fabricar alumbre y comercializarlo, aunque posiblemente no se hacía con la eficiencia con la que lo hacían en Anatolia y no podían competir contra ellos en los grandes circuitos comerciales, aunque la historia bien podría ser muy distinta en los pequeños circuitos locales (Lerma, J. 2005) (Pizarro Losilla, A. 2007) (Cooper, E. 2008) (Benedicto Gimeno, E. y Mateos Royo, J.A. 2013) (Igual Luis, D. 2014) (Morales Gómez, J.J. 2016) (Hernández Ortiz, F. 2024a).

ACONTECIMIENTOS EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XV

Durante la segunda mitad del siglo XV se irán produciendo una serie de acontecimientos históricos que marcaron el inicio de un profundo cambio geopolítico en todo el marco del Mediterráneo y en Europa. Esos acontecimientos son numerosos y se fueron sucediendo a lo largo de toda la citada segunda mitad del siglo XV. La lista sería bastante grande, pero por poner solo el ejemplo de dos de los más llamativos, tenemos la caída de la Constantinopla cristiana en manos de los otomanos musulmanes en mayo de 1453 y la caída de la Granada musulmana en manos de los cristianos españoles en enero de 1492.

Durante este periodo temporal el imperio otomano se expande en el Mediterráneo oriental y lo hace tanto en tierras del continente europeo y del Norte de África, así como en las aguas mediterráneas. Mientras tanto, en el Mediterráneo occidental, se están produciendo las últimas fases de la Reconquista española, la unificación de la Corona de Castilla y la Corona de Aragón, y el inicio de una fase expansiva de la Monarquía Hispánica en el Norte de África, con el objetivo de dificultar una posible nueva invasión musulmana de la península.

Estos eran los dos polos principales del escenario de guerra difusa en el Mediterráneo, en el que también participan, en ocasiones de forma determinante, el papado y las repúblicas de Génova, Venecia y Pisa (Braudel, F. 2023) (Caparrós Lorenzo, R. 2024). En esa guerra difusa se van a alternar los enfrentamientos militares, con los pequeños episodios violentos locales a lo largo de todala cuenca mediterránea, estos últimos de carácter principalmente corsario. Los otomanos no cesan en su apoyo a los corsarios del Norte de África que atacan los intereses cristianos, mientras que los cristianos europeos hacen lo mismo y fomentan las operaciones de corso contra los intereses otomanos. Estos corsarios van a crear un ambiente de inseguridad que va a condicionar el comercio en el Mediterráneo. 

LA CAÍDA DE CONSTANTINOPLA

Unos pocos años antes de la caída de la ciudad, en donde los genoveses tenían una destacada presencia, la rivalidad existente entre dos grupos de comerciantes genoveses provocó una sobreoferta de alumbre en los mercados y una consecuente caída de precios. Para revertir esa tendencia se formó un oligopolio entre los citados comerciantes genoveses y se firmó un acuerdo que debía durar seis años y que unificaba el control de la extracción y fabricación, el transporte y la venta del alumbre (Heers, M.L. 1954) (Carlo, M. D. et al. 1984).

Pero, dos años antes de que terminara aquel acuerdo de seis años del oligopolio, Constantinopla cayó en manos de los otomanos. Las considerables reservas de alumbre que había acumulado el oligopolio genovés mantuvieron abastecido el mercado europeo durante algún tiempo.

Pero en 1458, cinco años después de la caída de Constantinopla, esas reservas se agotaron y el precio del alumbre subió a niveles que comenzaron a afectar a las actividades económicas en las que el alumbre era un insumo esencial y especialmente a la industria textil. Finalmente, en el año 1461, ocho años después de la caída de Constantinopla, los genoveses acabaron de perder cualquier tipo de control del que aún mantenían sobre el alumbre del desaparecido imperio bizantino (Heers, M.L.1954) (Günster, A. y Martin, S. 2015).

Figura 4. Mapa que recoge diferentes actores y eventos de la guerra difusa que se desarrolló en el Mediterráneo entre el imperio otomano (áreas de tonos verdes) y los diferentes reinos europeos cristianos (tonos marrones) (Caparrós Lorenzo, R. 2024).

Figura 4. Mapa que recoge diferentes actores y eventos de la guerra difusa que se desarrolló en el Mediterráneo entre el imperio otomano (áreas de tonos verdes) y los diferentes reinos europeos cristianos (tonos marrones) (Caparrós Lorenzo, R. 2024).

Así pues, se puede decir que la caída de Constantinopla no provocó una desaparición del alumbre en los mercados en el año 1453. Mas bien se debería de decir que, de una manera asíncrona y posterior a la caída de Constantinopla, los protagonistas europeos de las redes de distribución de alumbre perdieron temporalmente el control sobre el equilibrio entre oferta y demanda, impactando este hecho en diferentes industrias que dependían del uso de alumbre para sus actividades. Los otomanos eran conscientes de que tenían en sus manos un producto comercial que era vital para sus adversarios europeos y se decidieron a usarlo a su favor, tanto como arma política, así como de fuente de ingresos. De hecho, el alumbre del Mediterráneo oriental siguió llegando a la Europa cristiana tras la caída de Constantinopla, a pesar de las bulas papales amenazando de excomunión a quien lo comerciara como, por ejemplo, en 1467 cuando, Inglaterra y Flandes permitieron la importación de alumbre desde la actual Turquía debido a los elevados precios del alumbre papal de Tolfa (Günster, A. y Martin, S. 2015).

Ante esta situación la Europa cristiana no iba a quedarse de brazos cruzados ante los graves daños que suponía el desequilibrio entre oferta y demanda del alumbre, desequilibrio que se reflejaba en un suministro limitado y que, además, lo hacía a un alto precio impuesto por los comerciantes (tanto cristianos como musulmanes), de manera que se lanzó a la búsqueda de minas de mena de alumbre y a construir fábricas de alumbre dentro de sus fronteras geográficas. Para ello Europa contaba, por ejemplo, con sus yacimientos de mena de alumbre explotados tanto en la Antigüedad como en la Edad Media y que en su momento no pudieron competir con la hipotética mayor calidad de las menas de alumbre del Mediterráneo oriental, pero ahora la situación era bien diferente y esas minas cobraron valor, tanto económico, como estratégico, para alcanzar la independencia europea en el consumo frente a los otomanos y frente a los mencionados oligopolios comerciales (Franco Silva, A. 1996) (Ruiz Martín, F. 2005) (Günster, A. y Martin, S. 2015) (Hernández Ortiz, F. y Caparrós Lorenzo, R. 2022).

EL ALUMBRE DURANTE LA EDAD MODERNA

En este escenario es donde a partir de 1458, es decir, solo cinco años después de la caída de Constantinopla y coincidiendo con el agotamiento de los stocks genoveses de alumbre, se comienzan a buscar y “descubrir” (más bien redescubrir) numerosas minas de mena de alumbre
en la Europa cristiana (Cooper, E. 2008) (Günster, A. y Martin, S. 2015) (Hernández Ortiz, F. 2024a). El hallazgo más notable se produjo en 1461, es decir, solo ocho años después de la caída de Constantinopla, cuando se “descubren” los ricos depósitos de piedra de alumbre en los terrenos de Tolfa, en los Estados Pontificios, en las cercanías de Roma, yacimientos que en 1462 ya estaban bajo control directo del papado, en 1462 se “descubren” los ricos depósitos minerales españoles de piedra de alumbre en Mazarrón (Franco Silva, A. 1996) (Guillén Riquelme, M.C. 2001) (Ruiz Martín, F. 2005).

De esta manera, en el plazo temporal de apenas una década, es decir entre los años 1453 y 1462, se iniciaba el cambio del centro de gravedad del mundo del alumbre en el marco Mediterráneo, cambio consolidado con los muy posteriores “descubrimientos” en 1508 de los ricos yacimientos de piedra de alumbre de Rodalquilar (Almería), concedidos en 1509 a Francisco de Vargas por parte de la reina Juana, así como con el “descubrimiento” y posterior concesión en 1535 de los yacimientos de Cartagena (Murcia) a Francisco de los Cobos por parte del emperador Carlos V (Gil Albarracín, A. 1995) (Franco Silva, A. 1996) (Ruiz Martín, F. 2005). Este proceso de cambio iba a suponer el desplazamiento de ese centro de gravedad del mercado desde el Mediterráneo oriental (bajo la influencia del islamismo), hasta el Mediterráneo occidental (bajo la influencia del cristianismo) en donde a partir de 1458 se comenzaron a poner en marcha numerosos proyectos de fabricación de alumbre, muchos de los cuales fueron efímeros y fracasaron, pero unos pocos fueron un éxito y cubrieron las necesidades europeas de alumbre (Delumeau, J. 1962) (Franco Silva, A. 1996) (Ruiz Martín, F. 2005) (Cooper, E. 2008) (Hernández Ortiz, F. y Caparrós Lorenzo, R. 2022).

Paradójicamente, la caída de Constantinopla y la muy posterior crisis de abastecimiento y precios, no solo no perjudicó a los países cristianos del Mediterráneo occidental y de la Europa atlántica, sino que al buscar y descubrir nuevos yacimientos de mena de alumbre dentro de sus propias fronteras geográficas, lograron un doble objetivo: en primer lugar, privaron al imperio otomano de las ganancias que les suministraba el alumbre que necesitaban los europeos y en segundo lugar, les dio una inmensa fuente de ingresos, sobre todo al papa por sus minas de Tolfa. Esto demostraría que la caída de Constantinopla no fue la causante directa de la crisis del alumbre de finales de 1450 y comienzos de 1460, ya que en primer lugar no coincidieron temporalmente y en segundo lugar existían numerosas alternativas para la extracción de mena y la fabricación de alumbre dentro de la propia Europa cristiana. Solo había que ponerlas en marcha y hacerlo de la manera adecuada.

Un puntal fundamental en este giro estratégico fue, como venimos insistiendo, las minas de Tolfa, las cuales, tras su descubrimiento en 1461, acabaron bajo el control de la iglesia romana en 1462 gracias a un pago de un banco de los Medici a los señores feudales locales. En ese mismo año de 1462 la Cámara Apostólica, que administraba las finanzas de la Iglesia, otorgó a un grupo que estaba asociado con el descubridor del alumbre de Tolfa un contrato de 3 años para producir la piedra de alumbre de allí, pero reservándose para sí mismos la comercialización del alumbre elaborado a partir de ella. Parece que el éxito fue tan inmediato que ya en 1463, Pío II destinó los ingresos de las minas de alumbre de Tolfa para apoyar una nueva cruzada y prohibió la importación de alumbre otomano a Europa, so pena de excomunión. Estas políticas fueron continuadas por su sucesor, Pablo II, quien ascendió al papado en 1464. Los ingresos de las minas de Tolfa se mantenían separados de las cuentas generales de la Iglesia en La Crociata, “la Cruzada”, que era una oficina establecida específicamente para ese propósito (Delumeau, J. 1962) (Günster, A. y Martin, S. 2015).

En un principio, la Cámara vendía el alumbre de Tolfa a grupos comerciales para su reventa, pero pronto desarrolló la práctica de conceder dos contratos: uno para trabajar las minas y otro para comercializar el alumbre fabricado. El primer contrato de comercialización de este tipo se otorgó en 1466 a un grupo asociado con los intereses de los Medici y debía durar 9 años. Los Médici fijaron inicialmente el precio del alumbre de Tolfa tan alto que Inglaterra y Flandes permitieron la importación de alumbre otomano, provocando que en 1468 se negociara un tratado de 12 años con el duque de Borgoña que garantizaba a Roma el derecho exclusivo de suministrar alumbre en Borgoña y Flandes, sujeto a la condición de que el precio no excediera el precio en las regiones vecinas (Delumeau, J. 1962) (Günster, A. y Martin, S. 2015).

En definitiva, las minas de Tolfa se convirtieron en algo muy importante económicamente para el papado, tal como apunta el hecho de que, a la muerte de Agostini Chigi, personaje clave en la comercialización del alumbre de Tolfa, Chigi tenía fama de ser el ciudadano privado más rico de Europa. Sus negocios abarcaban una amplia gama de actividades, pero su base principal fue su relación con el alumbre de Tolfa (Franchini, V. 1950).

Figura 5. El Mediterráneo en el siglo XVI (elaboración propia).

Figura 5. El Mediterráneo en el siglo XVI (elaboración propia).

Otro puntal fueron los alumbres de Mazarrón, concedidos por el rey Enrique IV en mayo de 1462, pero que no llegaron ser un actor clave en el mundo europeo del alumbre hasta los primeros años del siglo XVI (Ruiz Martín, F. 2005), momento en el cual se convertirán en un quebradero de cabeza para el papado, ya que su competencia ponía en peligro los grandes ingresos que la iglesia romana recibía por este concepto (Franco Silva, A. 1996) (Ruiz Martín, F. 2005).

Los alumbres españoles, fundamentalmente de Mazarrón y Rodalquilar, irán cobrando gran importancia en los primeros compases del siglo XVI, hasta tal punto que tras largos años de negociaciones e intrigas a tres bandas entre Tolfa, Mazarrón y Rodalquilar, este último se quedó descolgado y finalmente en 1530 los alumbres de Mazarrón (controlados por el Marques de Villena) y los alumbres de Tolfa (por el papa Clemente VII) llegaron a un acuerdo para crear un oligopolio e intentar repartirse el mercado europeo (Franco Silva, A. 1996) (Ruiz Martín, F. 2005) (Hernández Ortiz, F. 2010), demostrando que ya se había producido el cambio del centro de gravedad del mundo del alumbre y ahora el Mediterráneo occidental controlaba el mercado del alumbre europeo. Otro dato que apunta en esa dirección es la política del monarca hispano Felipe II, cuando, en el desarrollo de sus guerras europeas en la segunda mitad del siglo XVI, decretó el embargo de los alumbres españoles a los mercados enemigos, como Flandes e Inglaterra, para intentar estrangular sus economías, es decir lo utilizó como un arma estratégica.

Esta política de embargo quedó recogida en diferentes documentos, por ejemplo, en algunos custodiados en el Archivo Histórico de la Nobleza con sede en la ciudad española de Toledo (Frías, C. 772, D. 9-12) (Frías, C. 772, D. 36) (Osuna, C. 419, D. 212).

Por otra parte, tras la caída de Constantinopla y la posterior pérdida del control comercial que los genoveses ejercían sobre buena parte del alumbre del Mediterráneo Oriental, ya a finales del siglo XV maniobraban para intentar controlar el alumbre murciano, prosiguiendo en sus intentos con el alumbre almeriense a comienzos del siglo XVI (Gil Albarracín, A. 1995) (Franco Silva, A. 1996) (Ruiz Martín, F. 2005) (Muñoz Buendía, A. 2007).

Pero, además de en la Europa mediterránea, también en la Europa atlántica se inició un movimiento de búsqueda de minas de mena de alumbre e intentos de fabricación del alumbre in situ, acabando la gran mayoría en fracasos por la baja calidad de las menas o por la falta de pericia de los maestros alumbreros, sin embargo a comienzos del siglo XVII cambió la historia y gracias a lasminas de pizarras de alumbre de Yorkshire, Inglaterra inició el camino del autoabastecimiento de alumbre para su industrial textil (Pickles, R.L. 1975) (Appleton, P. 2018).

Además de en Inglaterra, también en otros países de la Europa atlántica y de la Europa central, se repitieron estos intentos de fabricación de alumbre durante los siglos XVI y XVII, haciéndolo con resultados desiguales y modestos (Suárez y Núñez, M.J. 1785) (Hernández Ortiz, F. 2002) (Hernández Ortiz, F. 2009).

Aparte de buscar la autosuficiencia en el abastecimiento de alumbre, algunos de estos intentos de fabricación de alumbre, tal vez también buscaban cubrir el hueco dejado en el mercado por el alumbre español tras su colapso en el año 1590, debido a diferentes factores entre los que destacaba la presión fiscal ejercida por parte de la Monarquía Hispánica (Hernández Ortiz, F. 2010).

CONCLUSIONES

Es un hecho conocido y aceptado que el alumbre fue aumentando gradualmente su importancia para las emergentes economías europeas durante la Edad Media y que fue haciéndolo al mismo tiempo que lo hacía la importancia de la industria textil, pasando el alumbre de ser un insumo destacado en la Alta Edad Media, a ser una sustancia estratégica para esas economías en la Baja Edad Media.

Por esta causa el alumbre se convirtió en una pieza más del tablero de la geopolítica y de la economía europea, ambas en una profunda transformación durante los siglos XV y XVI, con la expansión de la Monarquía Hispánica y del imperio otomano, así como con la desaparición del imperio bizantino y de los últimos reinos musulmanes de la península Ibérica. Sin olvidarnos de otros muchos actores destacados del tablero geopolítico y económico que también estaban en expansión, en declive o luchando por mantener su estatus (Estados Pontificios, Génova, Venecia, Florencia, Pisa, Francia, Inglaterra, etc.). 

En este complejo marco, a finales de la década de 1450 e inicios de la década de 1460, se produjo una crisis de suministro y de precios en el mercado europeo del alumbre, la cual ha sido habitualmente achacada a la caída de la ciudad de Constantinopla en manos de los otomanos en mayo de 1453. Pero al analizarla desde diferentes enfoques y escalas, se percibe que aquella crisis del alumbre no fue debida al simple acontecimiento militar de Constantinopla en 1453. Es necesario recordar que aquella crisis de suministro y de precios del alumbre se desencadenó alrededor de un lustro después de la citada caída de Constantinopla y que se comenzó a resolver alrededor de un lustro después de que se desencadenara.

En resumen, aquella crisis del alumbre fue debida a que el reajuste de algunos factores que se estaba produciendo en Europa y en el Mediterráneo, la mayoría de ellos factores ajenos al entorno específico de la industria del alumbre (poder político, estrategia y lucha de territorio, generación de orbitas de influencia, desarrollo económico, búsqueda de nuevos recursos, etc.), afectaron profundamente a los factores que conformaban ese entorno específico de la industria del alumbre (extracción de la mena, fabricación del alumbre, transporte y comercialización). De esta manera, se observa que los cambios en la geopolítica que se estaban produciendo en aquella época desencadenaron el inicio de cambios profundos en el control de la extracción de la mena de alumbre, en el emplazamiento geográfico de las principales fábricas de alumbre, en las rutas de transporte y, finalmente, en el control de las grandes redes comerciales de venta de alumbre.

Haciendo un ejercicio de simplificación, se puede afirmar que la geopolítica y la economía europeas propiciaron que la industria del alumbre sufriese un profundo cambio en el tránsito de la Edad Media a la Edad Moderna, pasando su centro de gravedad desde el Mediterráneo
oriental en el siglo XV, hasta el Mediterráneo occidental en el siglo XVI. Con el colapso del alumbre español en 1590, se iniciará una nueva etapa en el mundo del alumbre, pero eso es ya otra historia.

AGRADECIMIENTOS

Se agradece a Rodolfo Caparros sus consejos y también la elaboración de las figuras que ilustran este artículo. Igualmente se agradece a los revisores sus indicaciones, las cuales han mejorado el presente trabajo.

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