Datos de metalurgia de las edades del Bronce y del Hierro I en el castro de los Baraones (Valdegama, Aguilar de Campoo, Palencia).
RESUMEN
El castro de los Baraones (Valdegama, Aguilar de Campoo, Palencia) es un yacimiento situado en el extremo oeste de las Loras. Se ha documentado ocupación de habitación durante la etapa de Cogotas de la edad del Bronce, con la presencia de silos y hogares, y durante la edad Hierro I con cabañas, emparentadas con ocupaciones coetáneas en la cuenca alta y media del Duero de tipo Soto.
Entre las actividades que se han constatado en las distintas zonas del yacimiento destaca la relacionada con la metalurgia, que se manifiesta en restos metálicos de base cobre y en estructuras de combustión quizás ligadas a la metalurgia del cobre. Entre estas señalamos el área donde se utilizó un vaso de reducción y, la presencia de posibles hornos de tostación y reverbero, ambos en fase todavía de hipótesis.
Por otro lado, los restos de piezas metálicas hallados incluyen pequeños restos de fundición, pequeños útiles como punzones y elementos de adorno y vestimenta realizados en cobre o en aleaciones de base cobre, tanto bronces binarios con estaño como ternarios, con proporciones de plomo variables, lo que influye en sus condiciones de maleabilidad y resistencia. Los análisis de componentes metálicos fueron realizados mediante espectrómetro multicanal Kevex 7000 de fluorescencia de rayos X en energía dispersiva que actuaba sobre la superficie (Rovira y Montero, 2018: 225, 233) relacionan estas piezas de cobre y bronce binario con los de otros yacimientos del entorno.
El conjunto de los datos documentados parece indicar la existencia de actividad metalúrgica local para uso interno, seleccionando las aleaciones según el uso de la pieza y tal vez reutilizando materiales anteriores.
PALABRAS CLAVE: Metalurgia del cobre, Bronce Final, Hierro I, Cuenca del Duero, montaña palentina.
SUMMARY
The castro de los Baraones (Valdegama, Aguilar de Campoo, Palencia) is a site located at the western end of the Loras. Room occupation has been documented during the Cogotas stage of the Bronze Age, with the presence of storage silos and hearths and during the Iron I age with huts, related to contemporary occupations in the upper and middle basin of the Duero.
Among the activities that have been found in the different areas of the site, those related to copper metallurgy stand out, which can be seen in metallic remains and in combustion structures perhaps linked to copper metallurgy. These include the area where a reduction vessel was used and the presence of possible roasting and reverberatory furnaces, both of which are still at the hypothesis stage.
On the other hand, the remains of metal pieces found include small smelting remains, small tools such as awls and ornamental and clothing elements made of copper or copper-based alloys, both binary bronzes with tin and ternary bronzes, with varying proportions of lead, which influences their malleability and resistance. X-ray fluorescence analysis of metallic constituents (Rovira y Montero, 2018: 225, 233) related the copper and binary bronze pieces with those from other sites in the environment.
The documented data seems to indicate the existence of local metallurgical activity for internal use, selecting alloys according to the use of the piece and perhaps reusing earlier materials.
KEY WORDS: Copper metallurgy, Late Bronze Age, Iron I, Duero Basin, Palencia Mountains.
INTRODUCCIÓN
El yacimiento del Castro de los Baraones se sitúa en el término de Valdegama, perteneciente al municipio de Aguilar de Campoo y fue dado a conocer en 1979 por el espeleólogo e historiador Gonzalo Alcalde Crespo (1988), como yacimiento de la edad del Bronce. Excavado entre 1986 a 1988 bajo la dirección de quien suscribe estas líneas y por la misma y Fernando Puertas (+) en 1989 y 1990 (Barril, 1995), se documentó un gran desarrollo en los períodos de Cogotas I y Hierro I, especialmente en este último. Se sitúa en el extremo nororiental de la formación montañosa que comienza en Las Tuerces sobre el Pisuerga y llega a la confluencia de sus afluentes Lucio y Monegro (Fig. 1).
El área correspondiente a la edad del Bronce se sitúa en el extremo nororiental de la formación montañosa conocida como Los Peñones, y en la vaguada situada entre esta zona y los denominados Cintos de los Baraones (Fig.1 c, zonas 1 y 2). Las estructuras identificadas como correspondientes a este período en la excavación consisten en silos excavados vaciados y rellenos y hogares excéntricos.
Mientras que la ocupación durante la Edad del Hierro antigua fue mucho más extensa, pues se documentó con excavación en la citada vaguada (zona 2) y en los Cintos de los Baraones, especialmente en su extremo Sur, con varias fases superpuestas y desde la base a la parte superior de la ladera (Fig.1 c, zonas 2 a 5. El poblado perteneciente a la primera edad del hierro estaba defendido de forma natural al Noreste por los Peñones y por crestas calizas en la zona alta del Sur y Oeste y, en el Sur-Sureste por un ancho muro que se identifica por un canchal de tres metros de ancho, una muralla superpuesta a una empalizada y a varios niveles de ocupación de cabañas circulares con hogar central, cortada en la actualidad por un camino (Barril, 1995 y 1999). Habiéndose documentado en prospección también en la otra cara de los cintos (Barril, 1995: 400), en la formación caliza al otro lado del pequeño valle del Valseca y en el citado valle, ocupando en total, llegando a ocupar en total 32 ha (Misiego y Ollero, 2013).
En las dos principales zonas excavadas con materiales pertenecientes al Hierro I (Fig. 1c, zonas 2 y 5), las habitaciones del interior del castro son cabañas circulares superpuestas unas a otras, ninguna completa, ni directamente relacionada con la construcción defensiva explicada, pues son anteriores a ella. Se han documentado actividades económicas de sus habitantes, como las del trabajo textil, por la presencia de pesas de telar, y de fundición metalúrgica a pequeña escala (Fig. 2 a). Se documentan también actividades agropecuarias gracias a los restos óseos de ganadería de bóvidos, ovicápridos y de varios molinos de mano, barquiformes.

Figura 2.- a) Planta de la cabaña 1, zona 5, según J. Sánchez en Barril y Sánchez, 1995. b) Fotografía de la superficie de greda con marca rubefactada.
Es a la actividad metalúrgica de base cobre a la que nos vamos a referir en las líneas siguientes, y se documenta en tres de las zonas excavadas, gracias a pequeños restos de fundición y creemos que también con estructuras, que suponemos pudieron tener carácter metalúrgico, y a las que nos referiremos en potencial, ya que como explica Gómez Ramos (1996: 128) siguiendo a otros autores: “es complicado distinguir un horno metalúrgico de otro de finalidad indeterminada, igualmente difícil es, muchas veces, proceder a la diferenciación entre hornos de reducción de minerales y hornos de fundición de metales”.
El proceso metalúrgico, conlleva, en principio, una selección del mineral, quizás con un primer lavado, para separar la ganga de la mena, el machacado y trituración del mineral, a continuación se procedería a un lavado, previo a su tostación en hornos de ladera para dejar preparado para su reducción, que se realizaba con una mezcla de mineral de cobre y carbón reducidos a porciones pequeñas, puesta en una vasija abierta de cerámica común y llevada a la incandescencia mediante ventilación forzada en la parte interior del recipiente (Rovira, 1989: 361; Rovira y Ambert, 2002: 90). Se obtenía así el metal de cobre para conformarlo mediante forja en frío, laminarlo o fundirlo en moldes…; en el caso de que se quisiese obtener bronce era preciso correducir conjuntamente los minerales precisos, reducir la casiterita en cobre metálico (cementación) o fundir conjuntamente los metales ya reducidos previamente (Armada et al., 2023: 39). Pero este proceso de la metalurgia del cobre/bronce era bastante básica en los periodos que nos ocupan y no siempre se documenta todo el proceso en la práctica arqueológica (v. Rovira y Renzi, 2010). Los restos más frecuentes son los de vasos de reducción para separar el cobre del resto de componentes, y actualmente se considera que hay crisoles que también podían ser vasijas de reducción, ya que se trata del sistema de reducción más sencillo ya que se documenta desde el Neolítico final y podría llegar a época romana (Rovira y Ambert. 2002: 91-92), y que son distintos de los crisoles para fundir el metal obtenido para laminarlo o verterlo en moldes, ya que éstos son más pequeños y con paredes más gruesas (Rovira y Ambert, 2002: 93). Además, el metal podía obtenerse a través de este proceso o llegar ya en lingotes hasta el artesano que los fundiría y conformaría las piezas (ej. Arnaiz, 2017; 93-94). La identificación de hornos de tostación del mineral u otros tipos de hornos no es frecuente, por lo que nos faltan elementos y analíticas para poder confirmar cuáles fueron realmente los procesos metalúrgicos. Por ello en este trabajo planteamos la hipótesis de que algunas de las estructuras con señales de combustión halladas en el yacimiento estuvieran relacionadas con la metalurgia, pero sin tener certezas.
ESTRUCTURAS
Son tres las estructuras para actividad metalúrgica que creemos identificar en el yacimiento. Los distintos tipos de hornos precisos para la reducción del metal o su fundición son estructuras que, como ya hemos señalado son difíciles de identificar arqueológicamente ya que sus restos, usualmente muy destruidos pueden asemejarse a los destinados a otras actividades serían precisos análisis de temperaturas de las tierras, lo que en el momento de la excavación no estaba disponible.
- La primera que citamos por ser la mejor documentada, es la presencia de restos de vasijas de reducción o vasos- horno de la cata 7, en la zona 5 del yacimiento (Barril, 1992: fig.1), donde se hallaron dos fragmentos de escoriaciones de vasijas horno que fueron analizados en su momento por D. Salvador Rovira mediante fluorescencia de Rayos X para conocer su composición (Rovira y Montero, 2018), mostrando una clara diferencia entre ambos en las proporciones de cobre, estaño y plomo, ya que un fragmento con el análisis PA2462 propone un bronce con contenido en cobre (Cu 82,12%), arsénico (As 3,528%), estaño (Sn 6,16%) y Plomo (Pb 6,75%), mientras que el segundo análisis PA2463 es de un bronce con menor contenido en Cobre (Cu 72,91%), alto en estaño (Sn 22,45%), menor en plomo (Pb 3,68%). Además, hay presencia de plata (Ag 0,11%) en el PA2462 y de hierro en los dos, en PA2462 (Fe 0,414%) y en PA2463 (Fe 0,031%), por lo que puede decirse que ofrecen proporciones de bronces plomados (Tabla 1).

Tabla 1.- Análisis de composición de materiales de base cobre del Castro de los Baraones. Los análisis han sido realizados mediante técnica no destructiva de fluorescencia de rayos X (dispersión de energías), utilizando un espectrómetro Kevex, modelo 7000 sobre la superficie. Los análisis se expresan como porcentaje en peso (%) de cada uno de los elementos detectados (nd = no detectado; tr = trazas).
Se da la circunstancia de que, como vemos en la tabla, en el yacimiento solo se documenta una pieza cuyo análisis proporciona arsénico, y en una cantidad mínima, el nº PA2481, mientras que la presencia de hierro y plata en pequeñas proporciones es generalizada. Aunque nos movemos en un período cronológico posterior al que estudian Delibes et al. (2023: 59-60), consideramos relevante que indiquen, que según la arqueología experimental, la presencia de arsénico (As) en una tasa superior al 4% hace quebradizo al cobre, mientras que una presencia en torno al 2,3% proporciona mayor dureza, que a partir del Calcolítico Final las tasas de arsénico son superiores a las del Calcolítico precampaniforme, debido a que es menos frecuente el refundido de chatarra, y que su presencia se debe a una aleación natural a partir de un mineral seleccionado por saber que proporcionaría un mejor metal.
Gómez Ramos recoge en distintas tablas los análisis de composición de las adherencias en vasijas-horno peninsulares desde el Calcolítico a finales de la Edad del Hierro II. En su última tabla dedicada a los de la Edad del Hierro incluye los análisis de ambas adherencias cerámicas PA2463 y PA2462, pero sin comentarlas (Gómez Ramos, 1996: 139, tabla 4). Observamos que en general todos los análisis de componentes de la misma tabla difieren entre sí, y también con los de los períodos precedentes, de entre los que destacamos tres fragmentos de vasos hornos de la cercana Cueva Rubia de Villaescusa (Gómez Ramos, 1996: 137, tabla 3) donde los análisis de composición PA2313, PA2314 y PA2315 indican en los dos primeros cobres y en el tercero un bronce arsenicado, ninguno con plomo, todos con contenido en hierro (Fe): 0,83% (el arsenicado), 1,84% y 4,18%, respectivamente; mientras que en la citada tabla de la edad del Hierro, los más cercanos geográficamente serían los 16 correspondientes a castros del Hierro II leoneses, y en los que la presencia de arsénico (As) solo se aprecia en cuatro de las muestras y con valores muy desiguales, ya que en las de El Castrelín de San Juan de Paluezas, una de ellas tiene un alto 8,06% y en la de La Corona de los Corporales, teniendo todos ellos también estaño (Sn) y plomo (Pb) en proporciones muy variables (Gómez Ramos, 1996: 139, tabla 4), todos ellos posteriores cronológicamente a los de Baraones y con otras características metalúrgicas. Nos interesa especialmente la información de Cueva Rubia, pues denotan cobres ferruginoso, ya que en esta cueva se recogieron minerales cupríferos con altos porcentajes de hierro, que Delibes, Manzano y Herrán (1999: 80-81) creen que proceden del entorno, ya que en la zona de Aguilar de Campoo se documentan malaquitas asociadas con óxidos de hierro, como la malaquita y la goethita, y proponen que esos minerales serían llevados a la cueva y alli seleccionados, desechando los que por su color tendrían mayor cantidad de hierro, ya que sería más difíciles de fundir. Dado que como vemos en nuestra tabla todas las analíticas de componentes tanto de las adherencias como de las piezas metálicas de los Baraones tienen presencia de hierro, podría suponerse un origen similar, o la refundición de piezas anteriores.
Además, en esta misma cabaña 1 de la zona 5 de los Baraones se pudo delimitar un área artesanal con pesas de telar cerca de la zona donde se abriría la puerta, hacia el sureste y adosados al zócalo la pared un banco de 40-45 cm de altura de piedras y nivelado con greda verde en dirección Norte-oeste, en cuyo extremo más occidental y cercano al telar hay dos espacios diferenciados: 1) Una superficie de tendencia rectangular de piedras recubiertas por una gruesa capa de greda verdosa de aprox. 100 cm de longitud x 55 cm de ancho, con una marca de tendencia rectangular de 33 x 42 cm rubefactada en su centro, lugar donde pensamos pudo situarse una vasija caliente, tal vez una vasija horno para reducción del mineral, según ya propusimos en su momento (Barril Vicente y Sánchez, 1995) (Fig. 2 b). 2). A continuación, un receptáculo trapezoidal de 100-110 x 60 cm, con paredes de manteado de barro alisado y semicocido de 10 cm de grosor, a modo de caja que contenía dos valvas de molino de piedra de vaivén de sección planoconvexo, la mayor de 30 x 20 cm, con marcas de uso por golpeteo, hay también otros restos de manteado de barro, pero no se documentaron restos de objetos, semillas o minerales. Desconocemos si estas valvas fueron usadas para grano o mineral, pero el hecho de que las marcas sean de golpes nos inclina hacia un machacado de mineral, más que hacia un molido de grano. Igualmente, nos planteamos que esos molinos pudiesen usarse en el mismo receptáculo para recoger en él el resultado sin que se dispersase, pero como ya se ha explicado no detectamos la presencia de restos. Una muestra de Carbono 14 tomada entre el fin del banco y la superficie con greda rubefactada proporcionó una fecha de 2350-+ 70 BP, cal. 652-631 a.C. (GrN-16138), teniendo en cuenta que, en niveles inferiores, la fecha es de 2770-+ 40 BP, cal. 894 a.C. (GrN-16139).
- La segunda es la documentada en la que denominamos Cata 1, en la zona 4 (Fig. 1 c), situada en el terraplén sobre el borde del campo cultivado y por tanto en ladera. Se trata de una estructura definida en superficie por una mancha de tendencia circular, incompleta debido a la acción de maquinaria agrícola hacia el sureste y a las propias restricciones del tamaño de la cata que limita con un camino hacia el noroeste; ofrece un estrato de más de un metro de ceniza, algunos pequeños restos de carbones, restos de fauna, cerámicas y algunos fragmentos de bronces. Este tipo de estructuras con relleno de ceniza muy fina con restos en sus metales se han venido denominando “cenizales” de forma genérico, considerándose a veces relacionados con depósito funerarios, lo que no sería, y más frecuentemente como depósitos de basura o vertederos. Pero, el hecho de que en sección presenta un escalonamiento deliberado (fig. 3 a), unido a esa gran cantidad de cenizas, nos ha hecho plantear la hipótesis de que pudiese tratarse de un horno de tostación del tipo descrito por García Romero (2004: 112-113, fig. 6), que, si bien lo sitúa en época romana, indica que se conocen desde el Bronce Final.

Figura 3.- a) Perfil oeste de la cata 1, zona 4. b) Fotografía de la mancha cenicienta. c) Esquema proceso y horno de ladera.
- La tercera estructura para la que proponemos como hipótesis un posible uso metalúrgico es la hallada en la cata 11, en la zona 2 (Fig. 1 c) situada en la vaguada entre Los Peñones y Los cintos de los Baraones. Se trata de una estructura situada junto al interior del muro de la posible cabaña 2 de esta zona, de la que solo conocemos la parte oriental, que arranca junto al zócalo del este de la cabaña 1 pero sin juntarse (Fig. 4 a). Se trata de otro zócalo de arenisca machacada y apelmazada que primero adopta una forma curva y luego baja en línea recta hacia el sur, paralelo al corte de la excavación y que se interrumpe en la esquina suroriental. Se da la circunstancia de que sobre el inicio de este murete reposaba un trozo de tronco carbonizado de unos 70 cm de longitud y 20 cm de grosor que proporcionó una fecha de C14 de 2415-+ 20 BP, cal. 652-412 a.C. (GrN-14968). En la citada esquina la superficie estaba cubierta de restos de revestimiento de pared mezclados con tierra arcillosa quemada y pequeños carbones, bajo esta capa más restos de arcillas, carboncillos y pequeñas piedras y, bajo ellas y en la parte excavada, una estructura que parcialmente está por debajo del nivel del suelo, con dos semicircunferencias de piedras puestas de canto, una de ellas de fragmento de molino, de 40 cm x 60 cm y en cuyo interior la tierra estaba muy quemada y con restos de trozos de manteado caídos, ya que tendría mayor altura. La datación para su base sería de 2740-+50 cal. 880-840 a.C. (GrN-16972).

Figura 4.- a) Planta de las cabañas 1 y 2, zona 2 donde se aprecian los derrumbes de barro en la c 2. b) Fotografía de la estructura de combustión.
No tenemos duda sobre que se trata de una estructura relacionada con alguna actividad relacionada con el fuego y proponemos que pudiese tratarse de un horno de reverbero, es decir con dos cámaras una interior y otra exterior para separar el fuego de la materia prima a refinar el metal (Fig. 4 b), aunque desconocemos cual es la temperatura que pudo alcanzar, ya que en el yacimiento de Soto de Medinilla, por ejemplo, se identificó un horno de tipo oriental, que se supone fue para uso alimentario pues no alcanzaría una temperatura superior a 458ºC y para el metal serían precisos al menos 1000ºC (Misiego et al., 1993). Cerca de esta estructura de Baraones, hacia el oeste, se hallaron algunas gotas de fundición dispersas, sin que podamos establecer una relación directa.
Suele considerarse que los hornos de reverbero son más modernos, aunque Siret (1860-1934) identificó como un horno de reverbero sobre un crisol de época calcolítica una pieza hallada en Almizaraque según descripción gráfica en el archivo del Museo Arqueológico Nacional (MAN 1944/45/FD00297); si bien los autores opinan que es más bien una variedad de vasija de reducción (Rovira y Ambert, 2002: 92).
LOS RESTOS METÁLICOS
Los restos metálicos hallados en los distintos puntos del yacimiento han sido escasos, únicamente una treintena, pero significativos, ya que comprenden restos de fundición, y piezas de pequeño tamaño, completas o no, como puntas de fecha, punzones, pasadores o plaquitas decoradas, tal vez de cinturones; es decir, objetos para actividades, quizás de caza, artesanía, vestimenta y adorno que, por falta de espacio editorial, no podremos detallar de forma individual, pero que pasamos a comentar.
Todos las piezas que se analizaron corresponden a los niveles relacionados con la ocupación correspondiente al Hierro I en el yacimiento, relacionado con la cultura de Soto, algunas de las piezas podrían encuadrarse en el llamado Soto formativo, en la transición del Bronce Final al Hierro I, pero no se han documentado restos metálicos en los niveles correspondientes a la denominada cultura de Cogotas I, que en la zona 2, se documentan estratigráficamente, pese a que no es habitual esta sucesión.
Al igual que con los ya citados fragmentos cerámicos con adherencias metálicas, se realizaron sobre ellas, a poco de recogerse en las excavaciones, análisis de composición metalográfica, mediante espectrometría por fluorescencia de Rayos X, dentro del proyecto de Arqueometalurgia de la Península Ibérica por los Dres. Salvador Rovira e Ignacio Montero (2018) y aunque estos análisis han sido superados por otras técnicas, nos ofrecen un panorama que indica que se utilizó cobre en estado natural así como distintas aleaciones con base cobre (Tabla 1).
Hemos agrupado los materiales hallados en el yacimiento, según su composición en cobre, estaño y plomo, determinando si se pueden encuadrar como cobres (Cu > 97%), bronces binarios (Cu variable + Sn > 3%) o bronces ternarios (Cu y Sn variables + Pb > 2%). Proporciones que tienen en cuenta las impurezas variables de hierro (Fe), níquel (Ni), Zinc (Zn), arsénico (As), plata (Ag)
antimonio (Sb) y bismuto (Bi). No obstante, Rovira y Montero (2018: 232-234) advierten de que la presencia de pátinas en las superficies de las piezas puede alterar las mediciones en la composición metálica, especialmente en el estaño, si no se ha limpiado bien dicha superficie.
Como cobres, según las composiciones de nuestra figura 5 habría cinco piezas. Son una barrita irregular de la zona 2, tal vez resto de fundición (PA2470), prácticamente cobre puro, con 99% Cu; un alambre enrollado de la zona 3 (PA5955), dos tachuelas o clavos de cabeza discoidal de la zona 2, que se usarían como apliques (PA2467 y PA478) (Fig. 5.1) y un nódulo de fundición (PA2476). Todos ellos compuestos con cobre (Cu) en cantidad superior a 97%, sin arsénico ni plomo, y con impurezas férricas (Fe) y de estaño (Sn) en todos, aunque en distintas proporciones, mayor en el nódulo de fundición, seguido del alambre enrollado. Destacamos que ambas tachuelas tienen presencia de zinc (Zn) y de plata (Ag), la suficiente para que se percibiese en su tono de color. Todos presentan alguna mínima cantidad de antimonio (Sb) y uno de los clavos y la barrita también de níquel (Ni).

Figura 5.- Selección piezas metálicas. 1. Clavo / chincheta, 2. Punta pedunculada, 3. Punta con nervio, 4. Punzón con enmangue madera, 5. Placa doblada y decorada, 6. Pasador, 7. Remate de vástago.
Los bronces binarios de cobre y estaño con o sin presencia de plomo son en total trece, engloban dos puntas, una pedunculada con nervio poco destacado (PA2331) (Fig. 5.2) y un fragmento de otra punta con ancho nervio central (PA2332) (Fig. 5.3), ambas en la zona 2, y con tipologías que proceden de la edad del bronce (Kaiser, 2003: tabla 1); una cuenta de collar (PA2472), un arete (PA2468A) del que cuelga una cuenta que veremos en el apartado siguiente, y un resto de fundición (PA2310).
Otro grupo es el de los bronces con cobre (Cu), estaño (Sn) y plomo (Pb) en proporción superior a 2% e inferior a 7%, con diez piezas, aunque alguna muy ajustada en la mínima, como el punzón que conserva un fino enmangue de madera (PA2334) (Fig. 5.4), otras piezas destacadas son un punzón biapuntado o lezna (PA2329), la aguja de una fíbula (PA5954), dos láminas decoradas una con acanaladuras (PA2308) y otra con líneas de pequeñas líneas incisas (PA2309) (Fig. 5.5) que formarían parte de la correa de sendos cinturones, del tipo del tipo del de Castillo de Castejón en el valle del Ebro recreado por Royo Guillén a partir de Faro (2022: 318, fig. 27), un pasador con varias bolitas en su parte superior (PA2311) (Fig. 5.6) que relacionamos con un molde para una pieza similar de mayor tamaño hallada en las excavaciones de Valencia de Don Juan por J Celis, la cuenta que pende del arete mencionado anteriormente (PA2468B) un resto de fundición (PA2480).
Finalmente, otro grupo estaría formado por las tres piezas compuestas de cobre (Cu), estaño (Sn) y con proporciones de plomo (Pb) bastante superiores a 7%, que en nuestra tabla van del 15% al 25,7%, pues se tratan de una pequeña cuenta en forma de arito (PA5956), una arandela (PA2471) y una pieza compuesta por un vástago y una anilla solidaria (PA2333) (Fig. 5.7), en la que el plomo alcanza el 25,7%, lo que la haría más quebradiza, todas ellas con una tonalidad ligeramente plúmbea y entendemos que son piezas de adorno y no funcionales. Señalando que en el yacimiento de la edad del Bronce de Cueva Rubia (Villaescusa, Palencia) varias de las piezas analizadas contienen algo de plomo (Pb), destacando una arandela (PA2324) que tiene un 16,54% (Fernández, Herrán y Rovira, 2005: 147-148, tabla 3 dedicada a Cogotas I)
Tanto las dos adherencias cerámicas como las piezas metálicas y los restos de fundición proceden de las zonas del yacimiento que se adscriben a un Bronce final-hierro I relacionado con la facies Soto de Medinilla (Arnaiz, 2017) y con los yacimientos cántabros de similar cronología (Bolado et al., 2015 y 2022). Todos ellos presentan unos análisis de composición compatibles con los proporcionados por materiales de la zona astur-galaica y de la Meseta Norte, en los que se detecta la presencia de plomo intencionado a partir del final del Bronce Final y se generaliza en el Hierro I (Armada et al., 2023: 45; Fernández, Herrán y Rovira, 2005: 152-153). Son composiciones que se relacionan con el entorno atlántico, precisamente por esa introducción del plomo (Fernández, Herrán y Rovira, 2005: 147-148), y que en el ámbito noroccidental de la Península Ibérica detectan que utilizarían materias primas para el cobre del entorno cercano, mientras que el estaño podía proceder también del ámbito galaico y el plomo, aunque había en la zona parece ser que se importaría desde el Sur peninsular (Armada et al., 2023: 40-42), mientras que en la Meseta Norte debían importarse tanto el estaño como el plomo
CONCLUSIONES
En el castro palentino de los Baraones se documenta que se llevaron a cabo en el lugar actividades metalúrgicas mediante la presencia de dos restos de vasos de reducción, lo que confirman la marca rubefactada de un recipiente sobre una superficie de greda, junto a un espacio de almacenamiento de molinos de mano con marcas de golpes, los fragmentos de adherencias cerámicas cuyos análisis de composición nos llevan a bronces ternarios y algunos restos de fundición de bronces distintos. Igualmente se plantea la posible interpretación de estructuras de combustión de que existieran otros tipos de hornos, como uno de tostación y un horno de reverbero en distintas zonas del yacimiento, siempre ligadas al periodo del Hierro I, emparentada con los primeros momentos de Soto de Medinilla (Valladolid).
En cuanto a los 31 restos metálicos documentados, todos de pequeño tamaño, los menos son cobres casi puros, solo cinco; el resto son 13 aleaciones cobre-estaño y 13 aleaciones cobre-estaño-plomo, es decir bronces binarios y ternarios respectivamente. Del conjunto total, solo nueve análisis proporcionan análisis de composición sin plomo es decir menos de un tercio del total. De ellos cinco son los cobres ya citados y cuatro bronces binarios. Otras ocho piezas se consideran bronces binarios con impurezas de plomo. De entre los trece bronces ternarios, diez tienen proporciones entre 2,03% y 6,40% Pb, precisamente en este rango de presencia de plomo estarían los análisis de composición de las dos adherencias cerámicas. Los tres bronces ternarios que faltan tienen entre 15% y 25,7% Pb, una proporción mucho más alta en plomo, que sin embargo no desentona de otras analíticas de la zona.
Por tanto, los datos que proporcionan los hallazgos documentados en excavación (desconocemos los que están en manos de furtivos y/o comercio ilícito) señalan que estructuras y piezas se relacionan con los conocidos del final del Bronce Final y el Hiero I en Duero Medio y Meseta Norte, la zona cantábrica y el noroeste peninsular.
REFERENCIAS
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