The galaico-roman plow-type mines. General and particular interpretations from the mines of Fillaboa (Salvaterra-Pontevedra) and Monte Medo (Maceda-Ourense)
Oscar Pazos Rodríguez
oscar_pazos@hotmail.com
Las explotaciones mineras galaico-romanas tipo arados. Interpretaciones generales y particulares a partir de las minas de Fillaboa (Salvaterra-Pontevedra) y Monte Medo (Maceda-Ourense).
RESUMEN
En este trabajo se investigan explotaciones en las minas galaico-romanas de Fillaboa y Monte Medo similares a los conocidos arados, peines o surcos convergentes de Valduerna y Valdería. Los resultados indican mecánicas de trabajo muy adaptables, con excavaciones localizadas en los taludes laterales o traseros del vaciado minero, remontando los canales de agua y progresando la excavación en horizontal, no en profundidad como se había propuesto hasta ahora.
PALABRAS CLAVE: minería galaico-romana, minería del oro, Monte Medo, mina en arados.
SUMMARY
This study deals with mining works in the Galician-Roman mines of Fillaboa and Monte Medo similar to the well-known plows, combs or convergent ditches in Valduerna and Valdería valleys. The results indicate very adaptable work mechanics, with excavations located on the lateral or rear slopes of the mine dump, going up the watercourses and progressing the excavation horizontally, not in depth as had been proposed until now.
KEY WORDS: Galician-Roman mining, gold mining, Monte Medo, plow mining.
INTRODUCCIÓN
Las explotaciones conocidas como arados, peines o surcos convergentes han sido identificadas, descritas e interpretadas de distintas formas por diferentes autores primera y principalmente en las explotaciones conocidas como Las Murias-Los Tallares y Las Morraceras, en los conglomerados gruesos del piedemonte del Teleno, así como en el valle del río Omaña, también en la provincia de León. Un sucinto pero detallado repaso a las interpretaciones de este tipo de explotaciones se encuentra en Matías y Llamas [Matías, 2019]. En resumen, las propuestas coinciden en el uso de corrientes de agua para provocar la erosión de sedimentos superficiales mediante una trama de canales paralelos que profundizan en el terreno y desaguan todos ellos por un canal común de vertido, aunque los detalles de esta operación varían en los diferentes autores y en ocasiones están vagamente explicados o resultan confusos. Por ejemplo, en un reciente artículo sobre el posible uso de mercurio para extracción de oro de los concentrados en los arados de Valdería [Fernández-Lozano, 2021] en el apartado Método de explotación romana, toda la explicación sobre las labores de ‘explotación’ se limita a: Una vez el agua llegaba a la mina, el trabajo extractivo se centraba en la apertura de surcos convergentes, dando lugar a formas en peine sobre el relieve. Además, el artículo incluye una imagen (Figura 1) de Ruiz del Arbol et al. [Ruiz del Árbol, 2014] con una recreación del supuesto funcionamiento de estos arados que aporta algunos detalles no explicitados en el texto pero que en todo caso añaden más confusión. En resumen, no están claras las mecánicas de trabajo en este tipo de explotaciones.

Esquema general de la gran mina de Monte Medo. La mina está estructurada en cinco montes de minado M1-M5 y cinco vaguadas de vertido V0-V4, y fue ejecutada formando un complejo mosaico de sectores y labores.
Este trabajo aporta evidencias geomorfológicas que permiten reconstruir el proceso de diseño sobre el terreno, excavación y progreso de este tipo de explotaciones, y plantea una discusión sobre las operaciones de lavado y concentración del oro, lo que en la terminología usada por Lozano et al. [Lozano, 2021] sería la ‘recuperación’.
METODOLOGÍA
Este trabajo se basa en el estudio de la fotografía aérea, principalmente el vuelo americano de 1956-57, la cartografía de pendientes 1:5000 de la Xunta de Galicia, y el correspondiente trabajo de campo.
DESCRIPCIÓN GEOLÓGICO-MINERA DE LAS EXPLOTACIONES DE FILLABOA Y MONTE MEDO
Las minas galaico-romanas del Monte Medo y Fillaboa se localizan respectivamente en la cuenca intramontañosa Terciaria de Maceda (Ourense) y en la orilla norte del río Miño en Salvaterra (Pontevedra), minando la primera una delgada cobertera conglomerática de apenas cinco metros de espesor con ocasionales cambios laterales a facies arenoarcillosas, y la segunda los conglomerados, arenas y limos de las terrazas cuaternarias del Miño. Así pues, estas explotaciones minan granulometrías mucho más finas que las de Valduerna y Valdería, básicamente conglomerados de cantos centimétricos, niveles arenosos con y sin cantos, e incluso arcillo arenosos. En Monte Medo los conglomerados forman el techo de una potente serie de relleno de cuenca compuesta por niveles limo-arcillosos con intercalaciones de arenas y conglomerados, e interpretada como una acumulación de abanicos aluviales. En Fillaboa las terrazas se disponen sobre un granito post-cinemático de grano grueso que suele dar potentes regolitos arenosos. La excavación de Fillaboa cava dentro el regolito granítico mismo para asegurar así la irregular superficie de contacto entre terrazas y basamento, donde se acumularían los placeres de oro. Evidencias de este aparente sobre excavado bajo los niveles productivos se encuentran también en Monte Medo.
La característica principal de las minas Monte Medo y Fillaboa es la combinación de técnicas de excavación usadas dentro del espacio de explotación.
En Fillaboa, de unas 25 ha de superficie explotada, los arados parecen haber sido el método de explotación principal, explotando quizá unas tres cuartas partes de la superficie total, aunque en la mayor parte de la mina no queda rastro de los típicos alineamientos de escombreras, que solo pueden adivinarse en la parte más distal respecto de las gavias de vertido al río Miño. En el resto las terrazas fueron evacuadas en su totalidad. El área minada por arados forma un continuo dentro del cual apenas es posible definir subzonas de trabajo por las sobre excavaciones dejadas por las gavias de vertido. En Fillaboa no se conservan los canales de abastecimiento a la mina, aunque es evidente que los trabajos mineros están limitados por la cota de 35 metros, por lo que parece que ésa es la cota a la que se recibía el agua para las operaciones mineras. Alineaciones de las geomorfologías mineras residuales y unas posibles cimentaciones apuntan a la organización de subzonas de trabajo en la mina conforme a la red hidráulica de reparto de agua dentro de la mina.
En Monte Medo, cinco geomorfologías diferentes que evidencian cinco métodos de excavación se alternan en un complejo mosaico de labores de unas 400 ha de superficie total, dentro de la cual pueden identificarse ocho áreas minadas mediante la técnica de arados, algunas simples y otras complejas (Figura 2). Esta compleja mina está estructurada como cinco colinas de laboreo y cuatro vaguadas de vertido intermedias y una perimetral [Pazos, 2021]. También aquí la red de abastecimiento estructura las zonas de trabajo, que minaron la totalidad del terreno en las dos colinas más orientales, incrementándose los espacios sin minar hacia el oeste.

Figura 2.- Detalle de la foto aérea del vuelo americano (1956) en Monte Medo (Maceda) mostrando una ampliación de un arado que nunca llegó a ejecutarse. Los canales de arado al oeste del arado están apenas marcados en la superficie y una nueva gavia de vertido preparada para verter hacia el oeste. En la fotografía se indica el canal de traída de aguas desde el sur y la posición de un canal que parece haber servido de aliviadero de aguas en la cabecera del arado. La parte baja de este arado fue atravesada por una gran gavia de exploración.
En este mosaico, los arados aparecen algunos aislados y otros yuxtapuestos entre sí y a zonas excavadas con otras técnicas, también presentan tamaños y geometrías variadas entre ellos, muestran sucesivas fases de ampliación y progreso, y presentan trabajos abandonados en distintos grados de desarrollo, incluso en estados iniciales de preparación y diseño, lo que aporta una valiosísima información sobre su funcionamiento en distintos grados de ejecución. Para terminar, a diferencia de lo descrito en los arados de León, en Monte Medo no hay depósitos de agua en la cabecera de los arados, y dada la buena conservación general de las geomorfologías mineras, incluso de los pequeños canales superficiales de la red hidráulica interna de la mina, se puede descartar con seguridad que estas piscinas existieran y su huella se perdiera. Sí aparecen en cambio en la cabecera de varios arados canales superficiales que parecen haber funcionado como aliviaderos del agua para evitar que entraran caudales excesivos dentro de las labores.
MECÁNICA DE EXCAVACIÓN EN LOS ARADOS
Los restos de las explotaciones tipo arados en Monte Medo y Fillaboa muestran una amplia variedad de dimensiones, disposición y grado de ejecución que permiten interpretar su desarrollo general como resultado de la expansión lateral y en sentido ascendente (de la zona de vertido hacia la de coronación) de una larga zanja recta abierta en el sentido de la pendiente y hasta la profundidad máxima planeada.
Los arados eran pre-diseñados sobre el terreno mediante la excavación de canales en superficie, canales de arado, (Figura 3A), aislados o en grupo, paralelos entre sí y separados unos 10 metros. Estos canales de apenas medio metro de profundidad marcaban las líneas de guía para el avance remontante de la excavación del arado.
En la coronación (aguas arriba) de la futura zanja de explotación un canal de traída aportaba el agua necesaria para las operaciones de lavado del oro/concentrado y de vertido del estéril por la gavia de desagüe. Además, este canal de traída conectaba en algunos arados con el canal de aliviadero mencionado. El final (aguas abajo) de estos estos canales de arado superficiales se conectaba con la gavia de vertido, excavada en forma recta o curva, pero siempre dirigida a una vaguada natural que asegurara la correcta evacuación de los estériles. En ocasiones estas gavias cortaron labores anteriores, otras atravesaron zonas aún no minadas, pero lo fundamental de estas gavias era asegurar una pendiente suficiente para la efectiva evacuación de estériles hacia la vaguada natural en toda la potencia de sedimento a extraer.
Una vez preparada la gavia de evacuación comenzaba la excavación en el futuro arado. Y esta es la cuestión fundamental que diferencia esta propuesta de otras anteriores [Matías, 2019]. La excavación se comenzaba en el punto más bajo del canal de arado en superficie, donde conectaba con la gavia de vertido y remontaba hasta el inicio del canal de arado excavando toda la potencia de sedimentos a minar de una sola vez (Figura 3A). Es decir, el fondo arado no se alcanzaba por recurrentes operaciones de re-profundizado, el frente de explotación tomaba la forma de una rampa o escalón desde la superficie natural hasta la profundidad máxima de excavación planeada, extendiéndose este escalón aguas arriba y lateralmente para ir avanzando y ampliando la mina (Figura 3B).
Cada uno de los frentes en forma de escalón era cavado en una anchura de hasta cinco metros a ambos lados del canal de arado, separando manualmente los conglomerados gruesos que iban siendo amontonados en escombreras en paralelo a los propios canales en los espacios libres anteriormente minados. Son estas escombreras que avanzan aguas arriba en paralelo al frente de explotación las que forman los característicos y espectaculares emparrillados de este tipo de explotaciones en Omañas, Valduerna o Valdería. En Fillaboa y Monte Medo, donde las granulometrías eran mucho más finas, los ‘emparrillados’ de escombreras son mucho menos marcados o no existen, y el resultado es un vaso minero de fondo plano y paredes laterales de cuatro a cinco metros. Así pues, ni los gruesos conglomerados justifican la técnica, ni las escombreras alineadas y paralelas pueden ser consideradas como elementos necesarios para identificar todos los lugares donde se pudo usar esta técnica de minado.

Figura 3.- A) Esquema del sistema propuesto de excavación de los arados y B) detalle de las geomorfologías dejadas por la excavación lateral de los arados de Monte Medo.
El sistema de excavación descrito presenta gran flexibilidad para ampliar los arados aguas arriba, en lateral, girar la dirección del frente de excavación, abrir zanjas exploratorias anexas o modular diferentes áreas de trabajo, ejemplos de todo lo cual se encuentran en Monte Medo, siendo visible en las fotografías aéreas, los mapas de pendientes y en la visita a las minas. Al igual que la reja del arado agrícola remueve la tierra en un solo punto y es en su movimiento que crea la forma de ‘campo arado’, es el avance de la excavación remontando los canales y su rastro de montones de cantos alineados lo que da la característica forma final de parrilla geométrica.
En Monte Medo y en Fillaboa, el salto del agua de unos cinco metros crea pequeños rápidos con pendientes aparentes del 30-50%, entre la superficie natural del terreno y el fondo de la mina, ambas superficies con pendientes en torno al 2% (Figura 3B), De esta manera, cavando de forma localizada sobre ese pequeño rápido, los mineros hacían avanzar la excavación de forma controlada.
El método descrito, deducido de la observación directa de las geomorfologías mineras conservadas en Fillaboa y sobre todo del Monte Medo, implica un trabajo minero localizado. Esto significa que, aunque los canales de arado pudieran alargarse cien o doscientos metros y cada gavia de vertido captase aguas de una o dos hectáreas de mina, las operaciones mineras estaban de hecho muy localizadas en sectores concretos, de unos diez o veinte metros de longitud por no más de diez de anchura, allí donde tenía lugar este salto de agua. Esta forma de trabajo no solo resulta flexible, permitiendo a los mineros cambiar rápidamente las direcciones de excavación y adaptar los arados a geometrías diversas aprovechando la superficie al máximo, facilita el control a todos los niveles.
En vez de trabajar en toda la superficie del arado para mantener las pendientes uniformes y una velocidad de excavación regular en toda la longitud del canal como exigiría una profundización del arado en vertical, los equipos de mineros trabajarían solo en los puntos donde se produce el salto del canal del arado desde la superficie natural del terreno al fondo del arado. Operaciones más localizadas implican equipos de trabajo menores y áreas de excavación también más pequeñas, más simplicidad organizativa, y posiblemente tan importante como todo lo anterior, un control más efectivo de los mineros y de la marcha general de las minas por parte de su dirección técnica.
LAVADO DEL ORO Y VERTIDO DE ESTÉRILES
A continuación de la excavación, en las minas de oro tenían lugar dos operaciones necesarias: el lavado del oro y el vertido de estériles, que en la práctica era igual a la totalidad del terreno excavado. Sobre las mecánicas de estas operaciones tenemos algunas respuestas generales y muchas dudas concretas. Sabemos que usaban bateas en el lavado de oro, pues su uso está generalizado en todo el mundo antiguo, y Plinio (Historia Natural, 33-76) dejó testimonio del uso canales de lavado con ramas de uzes que servían de trampa para las partículas de oro; por lo demás se ha propuesto que el túnel de Montefurado funcionaba de hecho como una gigantesca máquina lavadora-concentradora, lo que de hecho abre la puerta al uso de todo tipo de ingeniosos recursos en otros ríos y dentro de las minas, y también hay indicios del uso de mercurio para beneficio de concentrados en suelos de Médulas y de la Valdería [Fernández-Lozano, 2021], pero respecto del lavado, en todas partes desconocemos los detalles.
Parece lógico que los rápidos en el frente de excavación fueran usados para disgregar el sedimento y lavar el oro aprovechando el desnivel, quizá usando uzes para capturarlo, como dijo Plinio, o de cualquier otro modo. También es posible que operaciones similares volvieran a hacerse aprovechando la pendiente de las gavias de vertido. El propio Plinio aseguraba que, por su valor, las escorias del oro se refundían para aumentar el beneficio, y que esto sólo se hacía con el oro (Historia Natural 33-69). Como sea, por el momento carecemos de evidencia alguna que permita decidir que el lavado del oro tenía lugar uno u otro sitio o en ambos, y están fuera de lugar extrapolaciones del famoso -y castigado- texto de Plinio identificando las gavias de vertido como las agogae de Historia Natural 33 y mucho menos describiéndolas como «una serie de tablones» con brezo [Fernández-Lozano, 2021].
Otra cuestión es el vertido de estériles. En los arados de Monte Medo las escombreras lineales son por lo general de poco volumen y en Fillaboa apenas quedan restos de ellas, si alguna vez existieron. Estas escombreras constituyen los materiales más gruesos, o parte de ellos, que fueron separados y amontonados en ellas a mano. El resto de material tuvo que ser expulsado por la gavia de vertido como carga de fondo o carga en suspensión en los caudales aportados desde los canales de arado. Al verter sobre la llanura de inundación del Miño, Fillaboa no conserva depósitos a la salida de las gavias de evacuación, y en Monte Medo estos depósitos están mezclados en las vaguadas con otros muchos procedentes de las explotaciones anexas, pero en Valduerna o Valdería [Matías, 2019] sí se conservan depósitos en abanicos aluviales tipo debris-flow asociados a las operaciones de vertido, que, con igual o quizá menor energía debieron reproducirse también en Fillaboa y Monte Medo. Y aquí está la cuestión fundamental: parte del material más fino, transportado en suspensión, puede ser vertido en la propia operación de lavado del oro, pero el resto de material más grueso requeriría de corrientes mucho más energéticas, incompatibles con las operaciones de lavado de oro [Pazos, 2021b].
Se tienen pues dos operaciones incompatibles entre sí: las de lavado que requieren flujos moderados pero precisos para procurar una buena grano-selección dinámica; y las de vertido que requieren altos caudales en flujos potentes, con alta energía y capacidad de arrastre en masa (y producen poca grano-selección).
En realidad, las dos operaciones en conjunto requieren una buena regulación de flujos y caudales, en tanto deben reunir control y potencia. Pero no conocemos las mecánicas de estas operaciones, no sabemos por ejemplo si se hacían en fases alternas o divergiendo los flujos. En Monte Medo se conserva parte de la infraestructura de aporte de agua en forma de canales directamente cavados en el terreno natural, pero no podemos descartar que parte de estos circuitos fueran sobre canales de troncos -de los que habla Plinio-, incluso elevados sobre el terreno mediante postes. De hecho, tanto en el Monte Medo como en Fillaboa hay algunas estructuras alienadas que podrían ser la cimentación de canalizaciones elevadas sobre ellas. También en las cabeceras de los arados las geomorfologías conservadas parecen necesitar de una sobre estructura para poder repartir el agua y derivarla a los aliviaderos.
CONCLUSIONES
En Fillaboa y en Monte Medo se encuentran explotaciones de arados compartiendo espacio con otros tipos de técnicas de laboreo. El estudio de estos arados ha permitido deducir la mecánica de excavación, que básicamente consiste en el avance en sentido remontante y lateral de un pequeño frente minero de máximo diez metros de anchura. En este espacio, la excavación se realiza en toda la profundidad planeada para el arado -unos cinco metros en los casos estudiados- creando un desnivel topográfico y una zona de rápidos para aprovechar localmente la energía hidráulica de los caudales aportados por los canales del arado. La técnica favorece el control de las operaciones y resulta muy flexible para adaptar el arado a geometrías diversas.
REFERENCIAS
Fernández-Lozano, J.; Nsue, A., Rivera, S.; Esbrí, J.M.; Carrasco, R.M.; Pedraza, J.; Bernardo-Sánchez, A.; Higueras, P. 2018. Uso de mercurio para el beneficio de yacimientos secundarios de oro en época romana. ¿Realidad o ficción?. Geogaceta 69: 1-4.
Matías, R.; Llamas, B. 2019. Analysis Using LIDAR and Photointerpretation of Las Murias-Los Tallares (Castrocontrigo, León-Spain): One of the Biggest Roman Gold Mines to Use the «Peines» System. Geoheritage 11 (2): 381-297.
Pazos, O. 2021a. La minería galaico-romana del Monte Medo, cuenca Terciaria de Maceda. Encuadre y Laboreo. En El patrimonio geológico y minero de desarrollo territorial, Ayarzagüena M. y López-Cidad, J.F., (eds.). SEDPGYM, pp 115-124.
Pazos, O. 2021b. Una necesaria revisión de la «Ruina Montium hidráulica» y el uso del agua en la minería romana del oro En El patrimonio geológico y minero de desarrollo territorial, Ayarzagüena M. y López-Cidad, J.F., (eds.). SEDPGYM, pp 105-114.
Ruiz del Árbol. M.; Sánchez-Palencia F.J.; Sastre, I.; Orejas, A. 2021. Water networks of Roman gold mines of Northwestern Iberian Peninsula. Water History 6 (1): 95-113.
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